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Patrimonio natural

Valle de Lecrín

Padul

El gran humedal de las lagunas del Padul
Localidad: Padul


Así, así es:”Las Lagunas” porque ,estos embalses de agua se encuentran ahora en diferentes puntos del humedal, algunos a varios kilómetros de distancia. Lo que antiguamente parecía un lago, tras las desecaciones llevadas a cabo que ya contaré, se han convertido en una zona verde o amarilla, según la estación, de carrizales, agua embalsada o corrientes por “las madres” (canales perfectamente paralelos de desagüe, y tierras de labor.
Está enclavada en el Parque Natural de Sierra Nevada y en ella anida gran variedad de especies de aves, anfibios, reptiles, peces y crustáceos. Tienen una vista hacia ella o desde ella son preciosas con el Cerro del Caballo o el pueblo según se mire. Sirve también como descanso para las aves migratorias a África desde el norte de Europa, ya que es el último humedal para saltar el Mediterráneo. En algunas épocas del año gusta ver grandes bandadas planeando nuestro suelo o surcando el cielo los patos autóctonos en forma de uve hacia los cerros de abajo para pernoctar en tiempos calurosos.
A nuestra villa le viene el nombre, de la laguna. En latín, el nominativo y genitivo son PALUS-PALUDIS, que derivó en Padul; más tarde los moriscos le añadieron su articulo AL y, como no se pronuncian la P, se quedo con AL BADUL; actualmente El Padul. Algunos documentos escritos cifran el humedad en 4,60 kilómetros cuadrados, antiguamente llenos de agua. Paulatinamente fue menguado porque, en tiempos de los Reyes Católicos, se hizo la primera desecación y, en 1.779, la segunda por el Conde de Villamena su propietario.

LAGUNAS DEL AGIA Y OJO OSCURO

Hay dos “lagunillas” ahora, la llamada del “Ojo Oscuro” en las faldas del cerro El Manar y la del Agia en el otro extremo cerca del desagüe pero el humedad se encuentra vertebrado por diversos riachuelos (“madres”, les decimos nosotros) abarrotadas siempre de agua cuyo nacimiento puede estar en la falla de Dílar.
Sobre el Ojo Oscuro hay un misterio. Ya su nombre nos impresionaba a los niños y más, cuando nuestros padres nos prohibían bañarnos en él, porque nos decían lo siguiente: Una vez, un carro de bueyes cargado de paja se hundió ahí y fíjate si es hondo que, al cabo de muchos días, aparecieron bueyes y carro en el mar de Motril. ¡Cualquiera se atrevía entonces a darse un chapuzón!


Las aguas de esta zona salen por la Madre del Quiti, luego la Madre Maestra y se junta con la Madre Blanca cerca del Puente de Cozvíjar desembocando en el río que va después al Río Dúrcal.
El mayor de los embalses es el del Agia. Tanto en él se ven nadar muchos patos o “gallinetas”, sobre todo al amanecer o al ocaso de día. Las tierras ganadas en el humedal con las desecaciones sirvieron para siembra de cereales o legumbres y pastos para reses vacunas, caprinas u ovinas durante muchos años. Un escrito nos dice que, a partir de 1.779 (2ª desecación) dio de comer a 692 familias por lo menos pan y migas. Al respecto hay un romancillo sobre “laguneros”(los que trabajaban en la laguna):
No te cases, niña,
Con ningún escardador
Que, cayendo cuatro gotas,
Lo tienes en el rincón.
Allá durante la guerra civil y tiempos de hambre se pidió al gobierno llevar el agua para regar la Vega Alta pero no se concedió.
En los últimos años existe cierta tirantez en este humedal entre medio ambiente, ecologistas y “laguneros”. Se anillan aves, se quema ilegalmente los carrizos, se multa a agricultores por hacer algún atanor de cemento, etc. Etc. Etc. Y, lo más curioso, es que parece ser que todos llevan alguna razón. Como digo, eso son “historias de la historia”.

LA TURBERA Cuando hace unos años el paso obligado a la costa era por encima de este humedal algunos viajeros se preguntaban el porqué de unas montañas “negras” que tenía El Padul, y es escrita la anécdota. Pues bien, se cree que este valle era una gran depresión que se rellenó de tierras por grandes terremotos o corrimientos de materiales.


Grandes árboles, sustancias orgánicas así como los enormes animales antiguos tras miles y miles de años se convertirían en “la turba”.
En realidad e descubrieron varios mamut que estaban enterrados en la turbera.
El primero aprovechamiento de este carbón se hizo en 1.875, cuando el ingeniero valenciano D. Joaquín Vila montó una calera en los Llanos de Marchena y usaba la turba como material calórico.
Más tarde, en 1.901, D. Ricardo Navarro se hizo con la concesión de la explotación durante 30 años. Al poco tiempo el súbdito inglés Juan Carmichael quiso comprarla y pidió informes al profesor Sahuston que tras visitar el humedal, escribió: “a una profundidad de dos pies no representa la clase mejor de la turba…..a una de trece, nunca ví un ejemplar de turba de tan buena calidad ni en Gran Bretaña, Grecia, Italia y Terranova ni en otros países donde he visitado los diferentes turbales. Pero fue en 1.943 cuando comenzó la explotación actual.

EXPLOTACIÓN ACTUAL DE LA TURBA Hoy en día, ya no se usa este carbón como fuente de energía calorífica sino para abonar terrenos pobres. Se lleva a diversos lugares de la península, canarias e, incluso al extranjero. Y lo curioso es que nuestra turba, también se la venden a los paduleños después de llevársela y devolverla envasada para las macetas.
Los lugareños, con muestro desconocimiento científico, la llamábamos “orujo” debido a la textura y color parecido al del aceite.
Y el que esto os relata, por culpa de ello, obtuvo un suspenso en Ciencias Naturales de 2º de bachiller antiguo. Recuerdo que, en el examen final, me preguntó el profesor que de dónde eras; tras contestarle que del Padul me pidió que le hablase de los carbones ( he de decir que el Sr. Motos era el autor del libro y el profesor aludido)
Le recité bien la respuesta pero al enumerar la lista de sitios en que había turba me interrumpió: ¿no hay turba en algún otro sitio?. Le conteste que, en el libro no venía. Entonces, me dijo: ¿Eso negro que se saca de la laguna de tu pueblo no es? Mi contestación: no, eso es orujo. Y… claro, se suspendió.

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