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El terremoto de 1.884 o terremoto de Andalucía, entre las comarcas de El Temple y del Valle de Lecrín (Granada)


El terremoto de 1.884 es un hecho histórico presente, todavía, en la memoria colectiva de algunas comarcas de Granada y Málaga.

Se produjo alrededor de las nueve menos cuarto de la noche del 25 al 26 de diciembre de 1.884, aunque en los días inmediatamente anteriores y posteriores hubo varias sacudidas más débiles.

La intensidad de los daños fue 10, la máxima o destrucción total, y el epicentro se situó en Arenas del Rey (Granada). El 29 de diciembre, una réplica de intensidad entre 7 y 8 con epicentro también en Arenas del Rey, provocó nuevos daños. El 27 de febrero de 1.885 se produjo otra fuerte réplica, pero no causó desperfectos.

Aunque los daños se concentraron en las provincias de Granada y Málaga, también llegó a percibirse en Madrid, Segovia, Cáceres, Huelva, Valencia y Murcia. En Córdoba provocó el desplome de una bóveda de la Torre de S. Lorenzo. En otros muchos puntos de la península se notaron, también, algunos de los terremotos premonitores y de las réplicas, aunque esto hay que aceptarlo con reservas.

También se llegó a percibir, con instrumentos, en los observatorios italianos de Roma, Velletri y Moncalieri, y en un observatorio astronómico de Bruselas, en Bélgica, aunque también esto hay que aceptarlo con reservas.

Las pérdidas se cuantificaron en términos de personas fallecidas, en heridos y en daños en las edificaciones. No se incluyeron los daños producidos en terrenos de cultivo ni en la cabaña ganadera.

Algunos científicos de la época, al estudiar los daños, indican que los núcleos de población afectados por el terremoto se pueden incluir en alguna de estas cuatro categorías:

1ª- Pueblos completamente destruidos. En la provincia de Granada, es el caso de Chozas del Rey (en los llanos de Zafarraya), Ventas de Zafarraya, Alhama, Arenas (actualmente, del Rey), Jayena, Fornes, Cacín, Santa Cruz (actualmente, del Comercio) y, ya en el Valle de Lecrín, Albuñuelas, Murchas, Restábal, Melegís, Saleres, Chite, y Béznar.
2ª- Pueblos destruidos en parte, con la mayoría de los edificios inhabitables, y habiendo que lamentar en alguno de ellos la muerte de una o dos personas, pero reduciéndose en la mayor parte las desgracias personales a algunos heridos. Se incluyen, en Granada, los municipios de Játar, Agrón, Ventas de Huelma, Cozvíjar, Cónchar, Dúrcal, Nigüelas, Acequias, Mondújar, Talará, Pinos, Tablate, Ízbor, Lanjarón, Guájar Alto, Guájar Fondón, Guájar Faragüit, Vélez Benaudalla, Molvízar, Lújar, Gualchos, Lagos, Motril.
3ª- Pueblos con algunas casas ruinosas y el resto en buen estado, necesitadas sólo de reparaciones ligeras. Se trataría de Chimeneas, Escúzar, La Malahá, Padul, Órgiva, Cáñar, Soportújar, Carataunas, Almuñécar en la costa, Loja al oeste, y un largo etcétera alrededor de la capital granadina.
4ª- Pueblos en los que sólo se produjeron desperfectos de muy poca importancia en algunos edificios. No se incluye ninguno de la provincia de Granada.

De modo más detallado, los daños en edificios de poblaciones de Granada fueron:

Población Casas afectadas Casas destruidas
Arenas del Rey ninguna 350
Alhama 841 800
Albuñuelas 355 200
Santa Cruz 109 100
Murchas 52 50
Loja 16 ninguna
Motril 16 ninguna
Ventas de Zafarraya 6 80
Zafarraya 30 200


En otros pueblos de la costa granadina, como Salobreña, se percibió el terremoto pero no llegó a provocar daños. En Almuñécar 445 casas resultaron afectadas, pero sin que hubiera que lamentar víctimas. En las cercanas Alpujarras apenas tuvo consecuencias. Entre los daños en la capital granadina, destaca la rotura del techo de la Capilla Real.

Las cifras más fiables de fallecidos y heridos en Granada fueron:

Población Muertos Heridos
Alhama 307 502
Arenas del Rey 135 253
Albuñuelas 102 500
Ventas de Zafarraya 73 7
Zafarraya 25 86
Jayena 17 5
Santa Cruz de Alhama 13 8
Murchas 9 13
Loja, Játar, Salar y Mecina Fondales 9 30
Cacín, Capileira, Cáñar y Zubia ninguno 22
Total 690 1.426


El municipio más afectado con pérdida de vidas humanas, con heridos y con daños materiales fue Alhama, seguido de Arenas y de Albuñuelas.

Según las comisiones científicas que estudiaron entonces la tragedia, las causas de los tremendos daños fueron tres:

? En primer lugar la violencia de las sacudidas. Las provincias de Málaga, Granada y Almería se encuentran en la zona de mayor riesgo sísmico de la península ibérica. Aunque se desconoce la magnitud, hay constancia histórica, en los últimos seiscientos años, de fuertes terremotos en este área con una intensidad de entre 7 y 9. El de 1.884, como se dijo más arriba, provocó daños de intensidad 10, la máxima.
De las repentinas consecuencias del terremoto, da idea la anécdota de la conocida como casa del velatorio, frente al Palacio de Albuñuelas, en la que fallecieron sepultadas veintidós personas que velaban a un difunto.

? En segundo lugar, la naturaleza del terreno. En el caso de Alhama, las sacudidas provocaron grandes desplomes y deslizamientos de las capas de caliza del Mioceno que sustentan las viviendas.
Arenas del Rey, situado precisamente sobre rocas arenosas y arcillas del Plioceno, experimentó deslizamientos y hundimientos que derrumbaron todos los edificios.
En los pueblos de Albuñuelas, Melegís, Restábal, Saleres y Murchas, la constitución del terreno, con materiales arcillosos del Plioceno sobre calizas del Mioceno, favorece su desplazamiento ladera abajo.

Este fenómeno, conocido en la zona como quiebra se produce, normalmente, de forma lenta y gradual, y produce agrietamientos en las viviendas. Las sacudidas sísmicas del 25 de diciembre de 1.884 provocaron, por el contrario, el deslizamiento brusco de la ladera, acompañado del derrumbamiento de los edificios.

A la quiebra se refería el cura de Albuñuelas cuando escribió al párroco de Dúrcal: “...el mejor día me voy a encontrar en esa según lo que anda este suelo”. El terremoto aceleró la quiebra y el cura y toda su familia fallecieron sepultados en la casa parroquial.

? En tercer lugar, la deficiente calidad de las edificaciones. Según la comisión de técnicos que estudió el terremoto, “...los muros se fabrican con cantos rodados, mal trabados con barro, que se deshacen con cualquier sacudida. En otros pueblos, como Jayena, Albuñuelas o Arenas del Rey, los muros apoyan en el suelo, o cuando más, en escasos cimientos, en paredes de tapial o en grandes piedras irregulares.

En todos los pueblos las maderas son de pésima calidad, mal clavadas y sin trabazón alguna, siendo general que los pares de las armaduras para los tejados descansen en las paredes sin empleo de soleras ni hileras, y los maderos de piso, sin carreras para su sostén y sólo empotrados en los muros, quedan sueltos e independientes si sufren un movimiento general.

Son desconocidos los entramados en casi toda la región castigada por los terremotos, y se hacen los tabiques al aire, sin más sujeción que el yeso que cubre las juntas; resultando que la construcción general es de malísimas condiciones, sin ninguna trabazón entre sus distintas partes y sin resistencia, por tanto, para un caso como el que ahora lamentamos, que, si bien fortuito, no es por eso extraño ni desconocido en el país”.

En cuanto a los edificios públicos, como las iglesias, la Comisión del Mapa Geológico de España especifica que, aunque la construcción es algo más esmerada, presenta otro defecto para el caso de un terremoto, “...que consiste en ser de fábrica mixta, es decir, que mientras los ángulos, machos y verdugos son de ladrillo, se forma el resto con cajones de tapial o de mampostería, y la obra queda sin trabazón verdadera entre sus diferentes partes”. Es el caso de las iglesias de Béznar, Murchas o Izbor.

En todos los pueblos afectados debe tenerse en cuenta, además, “...el gran peso de los tejados y que se trata, en su mayoría, de casas de dos o más plantas”.

Estas características de las edificaciones habrían de tenerse muy presentes a la hora de planificar la reconstrucción. Así, “...no sólo se preverán calles más anchas, sino también casas menos elevadas y de armaduras más resistentes pero ligeras, con mejor trabazón, así como una mejor ubicación geológica y orientación”.

Hoy día, los sismólogos siguen aceptando, sin apenas modificación, estas tres circunstancias como causas del desastre.

Por otro lado, el invierno de 1.884 se estaba presentando muy frío, lo que provocó que la gente, recogida en las casas desde temprana hora, fuera sorprendida bajo techo. Tras el terremoto, la situación de los supervivientes resultó más difícil aún por las duras condiciones climatológicas.

A las víctimas provocadas por el sismo en la zona, hubo que añadir en marzo de 1.885, las provocadas por el rebrote de una epidemia de cólera declarada en toda España. Unos meses después, ya en verano, el aislamiento de los pueblos impuesto por las autoridades, hizo que la especulación encareciera los materiales de obra en hasta un 300%, dificultando notablemente el inicio de la reconstrucción.

Para paliar lo antes posible los daños, se nombra Comisario Regio a D. Fermín de Lasala y Collado, Duque de Mandas, mediante Real Decreto de 13 de Abril de 1.885, con el principal cometido de coordinar la reedificación de los pueblos destruidos por los terremotos.

A tal fin, se precisa disponer de los fondos necesarios para la compra de terrenos y de materiales de construcción. El dinero se consiguió de varios modos:
- Se abrió una suscripción universal, fiscalizada por el Comisario Regio.
- Se hicieron aportaciones económicas por parte de los propios vecinos y ayuntamientos de los pueblos afectados.
- Hubo cesiones de terrenos de propietarios locales de los pueblos afectados.
- Hubo donativos personales del Rey D. Alfonso XII de Borbón. En agradecimiento al monarca, algunos pueblos como Arenas o Chozas (Granada), añadieron “del Rey” a su topónimo.

En total, se recaudaron casi seis millones y medio de pesetas (6.455.794 Ptas.), de las que aproximadamente la mitad, procedía de las provincias españolas y la otra mitad del extranjero. Esta cantidad, insuficiente, no alcanzó más que para cubrir la mitad del importe total de los daños.

De los 104 pueblos afectados, fueron auxiliados 101, exclusivamente en las provincias de Granada y Málaga.

Sólo en seis de ellos, Alhama, Arenas, Albuñuelas, Güevéjar y Zafarraya, en Granada, y Periana, en Málaga, el Comisario Regio hizo construir directamente nuevas viviendas, empleando aproximadamente el 60 % del presupuesto. El 40 % restante se repartió entre los otros 95 pueblos afectados y en algunas intervenciones de urgencia, como levantar en Málaga un asilo para el gran número de huérfanos que dejó el desastre, y unas escuelas nuevas en Granada.

El Estado asumió, además, la reconstrucción de una parte de los edificios públicos afectados, como las parroquias.

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